Cinco minutos

Las plazas reservadas a Personas con Movilidad Reducida son ocupadas de manera fraudulenta sistemáticamente pese a la gran labor de concienciación tanto legal como ciudadana.

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Poneos en situación: estáis buscando aparcamiento y las únicas plazas libres que encontráis son las reservadas para personas con movilidad reducida (P.M.R).

Antes de tener la lesión medular yo también tenía la sensación de que abundaban y de que la mayoría de las veces estaban vacías… ¡nada más lejos de la realidad! Es cierto que a veces en la desesperación de encontrar aparcamiento pudiera parecer lo contrario, pero os aseguro que no es así, que hay muchas menos plazas de las que debería haber, por no hablar de su ubicación que en muchas ocasiones imposibilita hacer uso de ella.

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Según el Real Decreto 1056/2014 de 12 de diciembre, “los principales centros de actividad de los núcleos urbanos deberán disponer de un mínimo de una plaza de aparcamiento reservada y diseñada para su uso por personas titulares de la tarjeta de estacionamiento por cada cuarenta plazas o fracción, independientemente de las plazas destinadas a residencia o lugares de trabajo”. Creedme, aunque vuestros ojos os digan lo contrario cuando estéis inmersos en la búsqueda de aparcamiento…no es mucho.
Si a esto le sumas que en muchas ocasiones estas plazas son ocupadas por personas sin la tarjeta reglamentaria…olvídate de aparcar, por lo menos cerca de tu destino o acceso.

SITUACIÓN ACTUAL

Actualmente y tras una labor tanto legal como ciudadana de concienciación sobre la buena utilización de estas plazas, seguimos viendo cómo en muchas ocasiones nos encontramos con que estas siguen estando ocupadas de manera fraudulenta. Esta situación genera que las personas que sí disponen de la tarjeta reglamentaria y tienen, por ello, derecho a hacer uso de estas plazas tengan problemas para estacionar en condiciones de accesibilidad y comodidad necesaria.

Asociaciones y colectivos han actuado para intentar concienciar sobre este tipo de comportamiento con diferentes campañas, pero como he comentado, seguimos sin dar con la solución. Una solución que es tan sencilla como respetar a la otra persona como a una misma.

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Pero no, este tipo de situaciones se siguen llevando a cabo con impunidad, primando el egoísmo ante el civismo, e incluso, la compasión, entendiendo a esta como un sentimiento humano, más intenso que la empatía, como la percepción y la compenetración en el sufrimiento de otra persona, y el deseo y la acción de reducir o eliminar por completo dicha situación.

¿QUÉ SUPONE OCUPAR DE MANERA FRAUDULENTA LAS PLAZAS RESERVADAS PARA P.M.R.?
Estas plazas son una necesidad y ocuparlas de manera fraudulenta, ya sea 5 minutos o 20, provoca que no podamos hacer uso de ellas y de este modo tengamos que buscar otra con las mismas condiciones, alejándonos del lugar de destino o acceso y provocando una mayor dificultad y esfuerzo a la hora de hacer cualquier actividad cotidiana.
Tras la ocupación de una plaza reservada por parte de una persona que no dispone de la tarjeta reglamentaria llegan las excusas de los infractores y en muchas ocasiones la falta de actuación por parte de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, ya que hay situaciones en las que no realizan las denuncias pertinentes y con que quiten el vehículo les parece suficiente…y así hasta la próxima.

Todos conocemos la famosa frase “son sólo cinco minutos” …pero para una persona con movilidad reducida nunca son sólo cinco minutos
Esos son precisamente los minutos que puede costar a una persona sin movilidad reducida llegar al destino desde el punto más lejano del aparcamiento. No le supone gran esfuerzo, estaciona en una plaza reservada simplemente por comodidad, no por necesidad.

Que las plazas reservadas estén ubicadas en la zona más cercana al destino, acceso o paso de cebra tiene un porqué, por necesidad y por reducir el esfuerzo que nos supone la movilidad en nuestra situación.

En una ocasión llamé la atención a una persona que había estacionado su vehículo en una plaza reservada para P.M.R. simplemente para informarle de que esa plaza podía necesitarla una persona que sí tuviera reconocida oficialmente la condición de persona con discapacidad y, por ende, tuviera legalmente derecho a estacionar ahí. Su respuesta fue a gritos, acusándome de no ser nadie para advertirle de la infracción y sugiriéndome que llamara a la policía si tenía algún problema con esa situación. Lo mejor que podía hacer en ese momento era irme y es lo que hice.

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Es cierto que no soy yo la persona indicada para advertirle de la situación, no debería ser la que se enfrente a una persona que ni respeta las plazas reservadas ni a los demás, pero tampoco puedo cerrar ojos y boca ante actos tan irrespetuosos.
Me parece surrealista que alguien pueda tener el coraje de enfrentarse a una persona sabiendo perfectamente que lo que está haciendo es ilegal y que no tiene ningún argumento sólido que justifique la infracción.

Este tipo de situaciones pueden darse si la persona infractora está cerca del vehículo, pero la mayoría de las veces nos encontramos únicamente el vehículo aparcado. Esto genera que si yo fuera a un destino concreto y viera que las plazas reservadas para P.M.R. están ocupadas, no podría permitirme bajar del vehículo para comprobar que tengan la tarjeta reglamentaria y, además, que sea legal. Pasaría de largo a buscar otro aparcamiento adecuado para mí que seguro estaría lejos y me supondría mayor esfuerzo y tiempo.

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Una vez pudiera bajarme del vehículo y llegar al destino, allí tampoco podría permitirme comprobarlo, llamar a la policía, esperar a la grúa…no somos los legítimos usuarios los que tenemos que controlar que estas plazas estén correctamente ocupadas.
Y aunque realmente fueran sólo cinco minutos, como he dicho en ese tiempo ha podido pasar una persona de largo con su vehículo por ver la plaza ocupada sin saber que no tiene la tarjeta de estacionamiento reglamentaria y seguramente habrá tenido que aparcar lejos con lo que ello supone, en esfuerzo y tiempo.

En otra ocasión cuando fui a la plaza de aparcamiento del hospital encontré a un vehículo sin tarjeta estacionado en la plaza contigua a la mía, pero no sólo eso, había aparcado tan mal que no podía acceder a mi vehículo. Llamé a la policía y a la grúa, todo este proceso dura no menos de media hora, por eso en el tiempo de espera llegó el conductor de ese vehículo y me pidió disculpas alegando que llovía y que por eso aparcó en esa plaza, más cercana a la puerta del hospital. Lo que él no pensó es en la media hora que tuve que estar yo bajo la lluvia, únicamente para que él no se mojara.

Anécdotas hay miles y en ninguna hay justificación para ocupar estas plazas sin la tarjeta reglamentaria.

¿QUÉ HAY DETRÁS DE LA TARJETA DE ESTACIONAMIENTO PARA P.M.R.?
Hay algo tan importante como la promoción y defensa de la libertad y la igualdad para conseguir que sean reales y efectivas. Está el facilitar la participación de todas las personas en plenitud, la vida independiente y la accesibilidad universal, la igualdad de oportunidades y la inclusión. Cualquier persona que no lo cumpla, aunque sea sólo por cinco minutos, está provocando en otra mucho más de lo que a primera vista pudiera parecer.
Están limitando la vida de otras personas, seguramente sin conocer el problema real que generan. Muchas veces estas situaciones se dan por desconocimiento y, aunque posiblemente no sea mi deber, no puedo resignarme a que la situación siga igual, quedarme impasible ante este tipo de actuaciones. Aquí nadie es más que nadie, no hay unos derechos para unos y otros para otros. Debemos empezar por el respeto mutuo.

Tener esta tarjeta no es ningún chollo, yo querría no tener que aparcar ahí, sino en la punta más lejana del aparcamiento. Ojalá tardar 5, 10, 20 minutos en llegar a la puerta de acceso, ojalá.
Conozco personas en mi misma situación que deciden no llamar la atención a quien estaciona sin tarjeta. Lo entiendo. No tenemos por qué enfrentarnos a ellos, no sabemos cómo es esa persona ni cómo puede llegar a reaccionar, pero yo no puedo hacer como que no lo he visto.

Seré una pesada, pero, la verdad, no tengo ninguna intención de dejar de serlo.

 




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