“Hecha la ley, hecha la trampa”, ¿Por qué el ayuntamiento concede licencia a este local si yo no puedo entrar por mi discapacidad?

Mis incursiones en temas competentes a la administración pública, me han revelado una situación trístemente generalizada en el proceso de concesión de licencias a obras de locales comerciales o incluso reformas de viviendas cuyo objetivo es mejorar la accesibilidad.

Trampa a la accesibilidad

Trampa a la accesibilidad



“HECHA LA LEY, HECHA LA TRAMPA”
Mis incursiones en temas competentes a la administración pública, me han revelado una situación trístemente generalizada en el proceso de concesión de licencias a obras de locales comerciales o incluso reformas de viviendas cuyo objetivo es mejorar la accesibilidad.

Trampa a la accesibilidad
Muchas personas me hacen una pregunta recurrentemente ¿por qué el ayuntamiento concede licencia a este local si yo no puedo entrar por mi discapacidad?

Estimados legisladores, hay un tema que hay que resolver URGENTEMENTE para que el LARGO camino a la accesibilidad de la ciudad pueda, no sólo iniciarse, sino simplemente recorrerse.

Entiendo que los límites de la ley han de acabarse en algún punto y que hay que ser realistas con la situación actual (que en temas de accesibilidad es malísima) pero si no MEJORAMOS la elección de esos límites y NO TENEMOS CLARA la consideración de los objetivos que persigue la ley, jamás avanzaremos.

Entrando en materia, la concesión de licencias para la apertura de un local destinado a comercio tiene varios actores implicados. Por un lado está la promoción, que suele ser el propietario que compra o alquila el local y quiere abrir el negocio. Por otra parte están los técnicos competentes, normalmente arquitectos o ingenieros industriales, que realizan los proyectos necesarios para llevar a buen fin la apertura del negocio, que suelen ser proyectos de reforma, de adecuación o de instalaciones. Por último, están los implicados públicos, los ayuntamientos en particular, que conceden la licencia para que ese local pueda ejercer esa actividad y comprueban que el local y su infraestructura sean las adecuadas y cumplan la ley.

Bueno, pues he aquí las trampas que cada uno comete, según mi entender y modesta opinión, que seguro que muchos de vosotros compartiréis.

Trampas de promotores.
Aquí nos encontramos con situaciones relacionadas con la urgencia de la apertura de un local. En muchos casos, el propietario de un local no confía a profesionales el proyecto de su negocio, por lo que su desconocimiento (y particularmente en el tema de la accesibilidad) hace que se cometan errores de bulto. En la mayoría de casos se abre el local sin licencia (se excusan aduciendo que se tarda un año en conceder dicha licencia) y posteriormente, ante la multa tramitada por el ayuntamiento, se hace un “apaño” de lo que ya se encuentra ejecutado. Este comportamiento, muy popularizado entre los dueños de negocios, tiene muchas consecuencias, como por ejemplo:

Entradas a locales inaccesibles, con escalón, o rampa impracticable. Constituye una barrera arquitectónica de primera magnitud puesto que este problema existe en millones de negocios en España y en el mundo.
Negocios sin baño accesible ni adaptado. Si no existen estos baños, los clientes con discapacidad no podrán ir adecuadamente a este negocio y además, se menoscaba el derecho de las personas con discapacidad a poder trabajar en este mismo negocio. Existe pues una doble falta y, todo ello, sin mencionar que en muchos locales, cuando se dispone el baño accesible, en la vida útil del negocio, ese baño se utiliza como almacén.
Inexistencia de accesibilidad horizontal en el interior del local, ya que las circulaciones en el interior de la zona pública del negocio limita el acceso de algunas personas con discapacidad a los bienes o servicios del mismo, con el consecuente perjuicio y discriminación (que por otra parte, tiene muy poco sentido comercial).

Trampas de técnicos.
Yo soy arquitecto y os puedo asegurar que tengo respeto máximo por la profesión y todas aquellas personas que la desarrollan de forma correcta y honrada, entendiendo los errores, las presiones o los objetivos que cada cual asume en el ejercicio de su trabajo. A pesar de ello, encuentro entre mis compañeros una dejadez en cuanto al tema de la accesibilidad que implica que la misma se deja para el final, de forma residual, limitándose a meter con calzador las soluciones para el cumplimiento mínimo de la ley. Además, en los documentos técnicos existen “errores” al plantear pendientes de rampas, dimensiones extrañas o cambios de uso sospechosos. Todo ello tiene importantes implicaciones en la realidad:

La normativa de accesibilidad es mala, insuficiente y en algunos lugares anticuada. Si el cumplimiento de la ley fuese suficiente, tendríamos ciudades accesibles. Tenemos que ir más allá y para eso hace falta conocer la discapacidad, que te permite elegir entre lo que funciona y lo que no, para todo tipo de diversidad funcional. Todo ello teniendo en cuenta un revolucionario cambio en la ley de accesibilidad en España.
Mentir en un proyecto se puede confundir a veces con un error, o no. Lo dejo aquí, porque no quiero acusar a todo el colectivo, que me consta que es honorable en su mayoría. Sólo digo que, al tener el tema de la accesibilidad como un tema residual, muchas veces se cometen ciertas imprecisiones con cierta ligereza. Estimados compañeros, cuidad el tema de la accesibilidad, no perdamos el sentido social de nuestra profesión.
Un proyecto con malas soluciones, al final se ejecuta de forma incorrecta y las personas con discapacidad, el colectivo más desfavorecido, es el que acaba pagando el pato. Las inspecciones para revisar que el local cumple las especificaciones del proyecto suelen detenerse sólo en algunos aspectos, olvidando otros y no teniendo en cuenta que todo es importante a la hora de la verdad.

Trampas de las administraciones públicas.
Aquí no acuso a los ayuntamientos por hacer trampas tal y como las entendemos. En principio, los ayuntamientos revisan que se cumple la ley municipal y concede licencia si al final es coherente con la misma. Lo que sucede en muchos casos es que la revisión por parte del ayuntamiento se realiza por técnicos, que carecen del conocimiento necesario (no hablo de normativa de accesibilidad, sino de discapacidad) y además suavizan ciertas situaciones para evitar el linchamiento por lo impopular de exigir más compromiso a la sociedad en la inversión en accesibilidad. Y hablo de lo siguiente:
Concesión de licencia a locales para negocios que no cumplen la normativa de accesibilidad porque, la adaptación del local a la misma, exige una alta inversión económica o porque las circunstancias especiales (insuficiencia de superficie, edificación antigua, temas estructurales, etc) lo impide. Este criterio tiene como consecuencia la ENORME falta de accesibilidad en el entorno urbano y edificatorio.
Y ahora no voy a comentar lo de las viviendas. Eso da para mucho más.

Moraleja: a todos estos les ponía yo a utilizar una silla de ruedas (o similar) un mes… os aseguro que los decretos-ley pro accesibilidad saldrían al día siguiente y con régimen sancionador.

http://www.accesibilidadglobal.com/2012/05/hecha-la-ley-hecha-la-trampa.html

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