Movilidad peatonal: las aceras

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La RAE define una acera como la “orilla de la calle o de otra vía pública, generalmente enlosada, sita junto al paramento de las casas, y particularmente destinada para el tránsito de la gente que va a pie”. Es una definición general que contiene la función más importante de una acera: el tránsito de la gente que va a pie. Esto implica que debe estar adaptada a las necesidades de los peatones, y considerar todas sus circunstancias.

Aunque a la movilidad peatonal afectan multitud de factores, hoy vamos a centrarnos en las tres características geométricas básicas que debe tener una acera:

Banda de paso, definida como el “pasillo” continuo formado por toda la longitud del itinerario y una sección libre de obstáculos a lo largo del mismo.
Pendiente longitudinal, entendida como la inclinación de la acera en paralelo a la fachada de los edificios.
Pendiente transversal, definida como la inclinación de la acera en perpendicular a la fachada de los edificios.

Estos tres factores afectan de manera crítica al paso del peatón, especialmente cuando la movilidad se ha visto reducida por alguna causa: las circunstancias personales pueden cambiar, y necesitaremos ir en silla de ruedas, empujando el carrito de un bebé, o ayudándonos de un bastón. Por tanto, la legislación debe defender a los usuarios que más problemas tienen para desplazarse, frente a la presencia arrolladora del vehículo privado (sean coches, motos o bicicletas) y, ocasionalmente, del transporte público (fundamentalmente por la ubicación de su mobiliario en la acera).

Actualmente, la legislación acerca de accesibilidad de la Comunidad de Madrid define las características principales que deben cumplir las aceras de todos los nuevos desarrollos urbanísticos:

Una anchura mínima de 120 cm de ancho (recomendado 150 cm) y 210 cm de altura.
Una pendiente longitudinal menor del 12%.
Una pendiente transversal menor del 3%.

Estas características definen lo que se llama un “itinerario peatonal adaptado”, y considera todos los elementos que están contenidos en una urbanización. No debe darse, pues, la existencia de bolardos, bancos o postes que reduzcan esta anchura mínima, ni la presencia de farolas, voladizos o señalización que impidan la altura mínima.

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La legislación permite que, en el caso de áreas ya consolidadas o restringidas, el ancho mínimo de paso sea de 90 cm (“itinerario peatonal practicable”); si se trata de una zona con calificación de histórico-artística, se permiten soluciones que, debidamente justificadas, se alejen de estas características mínimas.

Es importante destacar que los puntos más conflictivos tienden a ser siempre las discontinuidades en el itinerario. Las más comunes son debidas a cruces con otros modos de transporte (calzadas, carriles bici, carriles bus, etc.) o a la presencia de vados y rampas de acceso a las edificaciones colindantes. Estos puntos conflictivos deben resolverse siempre buscando la facilidad de paso del peatón, como usuario más débil de la vía.

En la siguiente fotografía se ve cómo se ha resuelto correctamente la intersección entre una acera en una zona ya consolidada y el necesario vado para transporte de mercancías que requiere un mercado:

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Se han mantenido las pendientes máximas, no superándose el 3% de pendiente transversal (y mucho menos el 12% de pendiente longitudinal), y conservando en todo momento un itinerario libre de obstáculos para los peatones. Sin embargo, la ubicación de la farola a la derecha de la fotografía convierte el itinerario en sólo “practicable” y no en “adaptado” ya que no respeta el ancho mínimo de 120 cm.

Aunque se ha hablado sólo de aceras no hay que olvidar la importancia que tiene mantener las distintas ramificaciones que se producen a lo largo de un itinerario. Los pasos de peatones deben mantener la continuidad del recorrido peatonal, ya que sirven de conexión entre los distintos itinerarios, y deben, por tanto, mantener las características geométricas expuestas anteriormente.

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En la siguiente fotografía se ve como se mantiene la misma cota a través de los sucesivos pasos peatonales; sin embargo, la ubicación de los bolardos en los vados podría haber sido menos estricta, ya que deja el paso libre en los 120cm, sin que parezca que haya necesidad de restringirlo tanto.

https://ecomovilidad.net/madrid/movilidad-peatonal-las-aceras/

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